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sábado, 1 de junio de 2013

Cuando la mente del pintor no trabaja como la del escritor

Javier Rizzo

Nuestra impresión en la sala de cine fue contundente al ver cómo trabajaba la mente de aquél pintor. En sus trazos me di cuenta de que un pintor no funciona como un escritor. 

El escritor sigue patrones lineales; en su cabeza obedece al principio de una historia, después continúa con el clímax y luego el desenlace.
La mente de un pintor trabaja distinto, al menos la cabeza de este pintor de quien todos en silencio seguíamos sus trazos. Lo que parecía incongruencia en un principio, comenzó a revelarse en arte.


“Esto es increíble”, dijo alguien desde la butaca de atrás cuando vio a Picasso trazar el rostro de una mujer recostada, después trazar a un hombre  sentado en una silla, mientras retrata a la mujer, de inmediato y, por alguna causa inexplicable, Picasso regresó la atención a los brazos de la mujer, después a pequeños detalles en la barba y los anteojos del hombre, y así sucesivamente, hasta que todo ese caos fue tomando orden.

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