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jueves, 10 de octubre de 2013

El cuento se fortalece con el Nobel


Javier Rizzo

Pienso que el premio Nobel para Alice Munro significará también una recompensa hacia "el cuento" como género, de tal forma que tome una importancia semejante a la de la novela.

Esto podría implicar el nacimiento de nuevas editoriales que favorezcan la publicación del relato breve.
Los grandes escritores que se iniciaron como cuentistas, y que de inmediato se pasaron a la novela, regresarán a esta práctica de la experiencia corta.
Actualmente el relato breve se está transformando. Por eso creo en la inminente evolución del cuento, en un lector que lo devore tal como se devoran libros de quinientas páginas, de tal manera que, al terminar de leer un libro de relatos, uno tenga la misma experiencia que se tiene al concluir una novela; encariñarse con los personajes, recordar lugares y anécdotas, memorizar frases y volverlas emblemáticas.

Los que creen en la dificultad de ofrecer un libro de cuentos a un editor ya no podrán quejarse. El mercado estará más fuerte que nunca ahora que lo respalda un premio Nobel.

El cuento está por empezar su etapa de renacimiento. No nos queda otra que participar y disfrutar de la experiencia.

miércoles, 9 de octubre de 2013

martes, 9 de julio de 2013

He tocado fondo en la crisis de la escritura

Es increíble la facilidad con que muere mi entusiasmo al intentar escribir un nuevo libro de cuentos o una novela. 

Creo que un verdadero escritor es capaz de superar cualquier crisis de historias que se proponga contar. Quizá esto aumente mi convicción de que yo no soy un escritor auténtico.







martes, 11 de junio de 2013

Bioy Casares explica el misterio en “La trama Celeste”



Javier Rizzo

Independientemente de todos los recursos literarios utilizados en el cuento “La trama celeste”, de Bioy Casares, algo interesante es cuando el narrador, al final de la historia, relata su propia teoría sobre los mundos alternos, después de haber escuchado el testimonio del capitán Morris.
Bioy es grande porque en voz de este narrador y con fineza, nos aclara el cuento, de manera que lo comprendamos. He oído mucho sobre la idea de que los cuentos no deben explicarse, pero Bioy era arriesgado y supo resolver ese problema, por eso fue que siempre acertó en su narrativa.

En el epílogo del cuento el narrador dice:

“Empecé a investigar; investigué con Morris; investigué con otros, cuando Morris se fue…” “La explicación es evidente: en varios mundos casi iguales, varios capitanes Morris salieron un día a probar aeroplanos...”

sábado, 1 de junio de 2013

Cuando la mente del pintor no trabaja como la del escritor

Javier Rizzo

Nuestra impresión en la sala de cine fue contundente al ver cómo trabajaba la mente de aquél pintor. En sus trazos me di cuenta de que un pintor no funciona como un escritor. 

El escritor sigue patrones lineales; en su cabeza obedece al principio de una historia, después continúa con el clímax y luego el desenlace.
La mente de un pintor trabaja distinto, al menos la cabeza de este pintor de quien todos en silencio seguíamos sus trazos. Lo que parecía incongruencia en un principio, comenzó a revelarse en arte.


“Esto es increíble”, dijo alguien desde la butaca de atrás cuando vio a Picasso trazar el rostro de una mujer recostada, después trazar a un hombre  sentado en una silla, mientras retrata a la mujer, de inmediato y, por alguna causa inexplicable, Picasso regresó la atención a los brazos de la mujer, después a pequeños detalles en la barba y los anteojos del hombre, y así sucesivamente, hasta que todo ese caos fue tomando orden.

martes, 7 de mayo de 2013

A Pío Baroja no le gustaba Proust


Por Justo Navarro

A Baroja no le gustaba Proust. Le parecía trivial, local, cursi y muy pesado. No le veía porvenir. «Últimamente, en París, ese autor estaba en la curva descendente, y entre los escritores franceses había muchos que lo tomaban a broma», escribía Baroja en los años cuarenta del pasado siglo. Y contaba una anécdota: una señora, en París precisamente, acusó a Baroja de vaguedad, de perderse siguiendo a demasiados personajes. Baroja, según sus recuerdos, contestó: «A mí me parece también muy vago y muy poco interesante un libro que le interesaba a usted de Proust». No entendía el multitudinario interés por «un personaje que, al meter una magdalena en el café con leche, recuerda hechos pasados interminables». Después de reconocer que ningún bollo le ha producido «esas reacciones de palimpsesto», Baroja expresaba su incomprensión ante el hecho de que los lectores de Proust, «todos al parecer gente distinguida, acepten que uno de los suyos moje el bollo o la magdalena en el café». 
Además de insoportable, Proust era un maleducado.