Javier Rizzo
Me he atrevido
a escribir con una noción pesimista de la literatura. Tal vez por lo que he
visto y escuchado estos últimos días. Mientras viajaba por internet, buscando
entrevistas a escritores, caí en las palabras de sentencia de uno de ellos.
Hace poco, el escritor español Manuel Vicent decretó, sin ningún asomo de
terror, la idea de que los lectores pronto seremos pocos, y estaremos
desperdigados por el mundo, como los miembros de una secta. Estoy de acuerdo
con él. Cada vez se lee menos. Las redes sociales, a mi manera de ver, se están
comiendo a los potenciales lectores que ahora prefieren leer de la manera más
relajada posible, rehuirle a los mamotretos de novelas y elegir frases cortas.
La comodidad es el arma
más poderosa contra la literatura, porque hoy en día, además de que se
prefieren las lecturas rápidas y nada complejas, suele ser mejor si dichos
textos vienen acompañados de imágenes; lo que son fotografías o ilustraciones.
Manuel Vicent, ganador del
premio Alfaguara con su novela Son de Mar, dijo estas palabras:
“… y es que hoy se lee menos.
Dentro de poco los lectores, me refiero a lectores de libros, van a ser una
secta. Se van a reconocer mirándose por la calle”.
Alguien que se ha mantenido
actualizado ante esta inminente realidad es el escritor Valenciano, Juan José
Millás, quien acaba de publicar una serie de “articuentos” que no son
otra cosa que un híbrido entre el cuento corto y el artículo periodístico,
nacidos de aquellos artículos que Juan José ha publicado en el diario El País desde hace algunas décadas. Los articuentos son breves, legibles, pero no menos
intelectuales y eficaces, además de que están cargados de muy buen humor. Se
pueden encontrar algunos de ellos precisamente en la red.
Hoy en día la literatura
estaría volcándose a lo conciso. Quizá de esta forma es como los lectores de
las nuevas generaciones van a mostrar el mismo interés que le toman a los
textos de las redes sociales.
Y precisamente, para no
provocar el tedio y desinterés de quien ahora lee esta página, dejaré de
escribir y me conformaré gustosamente con pertenecer a este gigantesco grupo
sectario de lectores regados, silenciosos, y sin duda, apasionados.